
6 acciones para transformar nuestro entorno alimentario
Ayer 16 de octubre se celebró el día mundial de la alimentación, con el lema “innovar hoy para nutrir mañana”. Y como todos los años, las personas escriben y llaman para preguntar qué pueden hacer para participar del movimiento de alimentación saludable y ayudar a combatir el entorno alimentario tóxico que afecta a todos los países del mundo desde hace décadas.
Vivimos en la era del auge mediático en torno a la alimentación y la nutrición. ¡Aumenta tu consumo de proteínas! ¡Evita los picos de glucosa! ¡Toma estos suplementos!
Sin embargo, después de muchos años investigando la nutrición y las enfermedades relacionadas con la alimentación, hemos aprendido que esta industria de productos de bienestar y protocolos dietéticos individuales no es más que una gran distracción. Comer bien no es tan complicado, ni es un problema de decisiones o fuerza de voluntad individuales; es un problema que requiere acción colectiva. Si la comida chatarra inunda todos los espacios, resulta imposible seguir los mejores consejos nutricionales. Si los alimentos saludables son los más caros y requieren más tiempo y esfuerzo para su preparación, comer bien se convierte en un privilegio al alcance de pocos.
Insisto que como sociedad debemos utilizar nuestro poder para abordar los factores sistémicos y estructurales que generan los entornos alimentarios tóxicos que nos rodean. Y con eso propiciar que la alimentación saludable sea la opción más fácil.
Por eso, basándonos en nuestra experiencia y en la literatura existente sobre activismo y acción en el sector de la alimentación y la salud, les compartiré seis acciones clave que cualquier persona puede llevar a cabo. Prometemos que no implica comer más proteínas ni comprar más suplementos.
1. Votar a favor de un entorno alimentario mejor.
Como ciudadanos de un país democrático, tenemos el poder de elegir mediante el voto a los gobiernos que creemos que actuarán en interés público. Hay que abogar para que los presupuestos públicos no permitan la compra de comida ultraprocesada en escuelas, hospitales y organizaciones gubernamentales.
2. Promover la alimentación saludable en el trabajo, la escuela y nuestras comunidades .
A un nivel más personal, los entornos alimentarios de los lugares donde pasamos mucho tiempo fuera de casa —como oficinas, escuelas o espacios comunitarios— condicionan qué y cuánto comemos a diario, incluso de manera inconsciente. Si percibe que los almuerzos escolares o la disponibilidad constante de aperitivos en el trabajo le empujan a usted o a sus hijos hacia hábitos poco saludables, impulse un cambio. Forma una coalición con otros compañeros o padres que deseen mejorar el entorno alimentario. Documente la situación actual y cómo esta perjudica la salud colectiva. Utilice esas pruebas para exigir cambios. Organice reuniones periódicas en su lugar de trabajo para debatir cómo responden la escuela o la empresa a sus inquietudes.
3. Crear movimientos sociales o únete a organizaciones de la sociedad civil.
Los movimientos sociales con visión de futuro pueden ayudar a generar conciencia e impulsar el cambio. El Movimiento de Alimentación Saludable es el principal movimiento activista de Panamá en materia de alimentación y salud. Su campaña comenzó en 2020 con un estudio sobre los hábitos de los consumidores y el impacto del marketing en las decisiones alimentarias de los jóvenes y adultos.
En los últimos años, el Movimiento ha ido más allá de la simple concienciación. Sus peticiones y acciones de incidencia política han contribuido a aumentar el número de escuelas que ofrecen comidas escolares saludables y a restringir la disponibilidad de comida chatarra en los quioscos escolares. Además, ha presentado varios anteproyectos de ley para regular la publicidad de comida chatarra en niños, promover el etiquetado de advertencia de alimentos ultraprocesados poco saludables y eliminar las grasas trans del sistema alimentario industrial.
Puedes unirte o apoyar a estas u otras organizaciones de la sociedad civil. Muchas proporcionan recursos, experiencia y plataformas para la acción ciudadana. Además, realizan una excelente labor de sensibilización pública sobre el funcionamiento de nuestro sistema alimentario, denunciando problemas, presionando a los políticos y proponiendo soluciones alternativas, incluyendo la elaboración de leyes, políticas y normas.
4. Invertir en salud.
Utiliza tus habilidades, energía, tiempo y dinero para invertir en un mundo más saludable. ¿Trabajas para una organización con un impacto positivo, negativo (o neutral) en la alimentación y la salud? ¿Qué puedes hacer en tu lugar de trabajo para impulsar el cambio? ¿Cómo puede tu empresa contribuir a crear un entorno alimentario más saludable para todos?
Invertir tiempo y recursos en salud implica comprar alimentos que reflejen el tipo de sistema alimentario en el que quieres vivir. Implica votar por aquellos que apoyan la producción de alimentos saludables. Y además implica boicotear alimentos poco saludables, insostenibles o poco éticos, y optar por productos y marcas mejores.
5. Demandar a las grandes empresas alimentarias.
Creemos que la vía judicial es la que tiene mayor potencial para impactar nuestro entorno alimentario. Una y otra vez, en la historia de la salud pública, las protecciones y regulaciones no surgen solo con una gran cantidad de evidencia científica contundente, sino tras litigios.
Más concretamente, abogados expertos demandan a empresas en nombre de demandantes individuales que alegan haber sufrido daños por sus productos. Estas demandas se acumulan y, a menudo, mediante el proceso de investigación judicial, incluso cuando los demandantes pierden, los secretos revelados cambian la opinión pública y animan a los gobiernos a actuar en beneficio de la salud pública. Esto sucedió con el asbesto, los cigarrillos y los opioides. Y como hemos publicado anteriormente, este tipo de demandas contra las empresas de alimentos ultraprocesados han comenzado a acumularse en Estados Unidos y otros países. Pero se necesitan muchas más para lograr un cambio real, y esto llevará tiempo.
6. Realizar investigaciones, respaldar la ciencia y crear conciencia.
Como hemos visto con amenazas a la salud pública del pasado, necesitamos un sólido conjunto de pruebas para demostrar que la inacción frente a los entornos alimentarios ya no es una opción. En el caso del tabaquismo, se necesitaron décadas —y numerosos litigios— para construir esa argumentación. Actualmente, disponemos de una abrumadora cantidad de pruebas sobre la relación entre la comida y la salud, pero necesitamos más información sobre cómo diversos factores del entorno alimentario influyen, en distintos grados, en las decisiones de las personas sobre qué comer.
Más allá de la ciencia y las pruebas, es necesario difundir el mensaje sobre los entornos alimentarios nocivos y apoyar a quienes lo hacen. Los medios de comunicación independientes y de investigación desempeñan un papel clave en este ámbito.
En resumen, estas son seis acciones clave que, a nuestro juicio, pueden potenciar el poder latente que poseemos, tanto a nivel individual como colectivo, para combatir los entornos alimentarios tóxicos. Le toca ahora a cada uno de ustedes sumarse a los diversos movimientos de alimentación que existen y hacer algo por nuestra salud.