
Hígado graso sin alcohol: causas, riesgos y señales de alerta
Me han hecho preguntas sobre la enfermedad del hígado graso en personas que no toman licor. Gente que sin tener la costumbre de tomar un par de copas de vino al día o unos tragos de licor esporádicamente, padecen de hígado enfermo.
Bueno, si se podría decir, la buena noticia es que no están solos: casi el 30 % de la población adulta del mundo occidental padece de hígado graso. Lo alarmante es que se está convirtiendo en la enfermedad hepática más común a nivel mundial y es una causa principal de afecciones relacionadas con el hígado y de muertes prematuras.
El hígado desempeña un papel fundamental en la desintoxicación del organismo, descompone los nutrientes y metaboliza los medicamentos, entre otras funciones. Es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo y, si no funciona a su capacidad óptima, podemos sufrir diversos problemas de salud.
La enfermedad del hígado graso es un conjunto de afecciones caracterizada por la acumulación de grasa en el hígado. Aunque suele ser asintomática (salvo por una ligera fatiga o dolor/molestias en la parte superior derecha del abdomen), puede derivar en esteatohepatitis, una forma más agresiva de la enfermedad que se caracteriza por inflamación, cicatrización hepática y, finalmente, insuficiencia hepática. También puede causar dilatación de los vasos sanguíneos bajo la superficie de la piel, hinchazón abdominal, enrojecimiento de las palmas de las manos, ictericia (coloración amarillenta de los ojos y la piel) y agrandamiento del bazo.
No se conoce con exactitud qué causa la enfermedad del hígado graso en personas no alcohólicas. Se cree que la obesidad, los niveles elevados de triglicéridos en sangre, la apnea del sueño, el colesterol alto, la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, los niveles altos de azúcar en sangre, el síndrome de ovario poliquístico (SOP), el hipopituitarismo, el hipotiroidismo y la resistencia a la insulina pueden contribuir a desarrollar la enfermedad y aumentar el riesgo de padecerla.
En esencia, cualquier factor que eleve los niveles de grasa en el torrente sanguíneo puede contribuir a producir un hígado graso. Al fin y al cabo, esas grasas que circulan por la sangre deben ir a alguna parte, y a menudo terminan almacenándose en el hígado. Con el tiempo, esto puede provocar inflamación, reducir la función hepática e incluso causar cicatrización (cirrosis).
Las personas mayores, los diabéticos y aquellos con un alto porcentaje de grasa corporal (especialmente si se concentra en la zona abdominal) son quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar un hígado graso.
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